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20/06/2013

La transición social y ecológica de Europa

Es hora de una transición social y ecológica de la economía europea, es decir una salida ordenada del producir mucho (y mal), de la competencia y de la ley del más fuerte hacia otra economía en la que prime la sostenibilidad y la calidad, la cooperación y la solidaridad. 

La crisis social, ecológica y democrática europea, ha llevado a la miseria y al paro a millones de personas, principalmente en los países del Sur de Europa. Ha reforzado las desigualdades entre las personas más ricas que se aprovechan de la crisis y la amplia mayoría más empobrecida que la sufre. Ha permitido que el capitalismo salvaje y el lobby financiero diseñaran una globalización de salarios bajos para los trabajadores y beneficios altos para las transnacionales. Ha relegado la crisis ambiental a un segundo plano y ha alejado la idea de una Europa limpia y baja en carbono.

Es hora de dar por fin cabida a las oportunidades que abre cualquier crisis y cruce de caminos. Es hora de una transición social y ecológica de la economía europea, es decir una salida ordenada del producir mucho (y mal), de la competencia y de la ley del más fuerte hacia otra economía en la que prime la sostenibilidad y la calidad, la cooperación y la solidaridad. En concreto, como pilar de esta transición, la Unión Europea puede y debe hacer una apuesta clara a nivel político y financiero por impulsar todos aquellos sectores que permitan a la vez:

1. Reorientar de forma progresiva el modelo productivo hacia la sobriedad y la adecuación con los límites ecológicos del Planeta.

2. Luchar de forma eficiente y a gran escala contra el paro, en una sociedad donde la ausencia de un trabajo remunerado suele desembocar en procesos de exclusión económica y social.

El impacto neto sobre el empleo de la transformación de Europa hacia una economía baja en combustibles fósiles y baja en carbono será claramente positiva. Los empleos verdes y decentes en rehabilitación de edificios, energías renovables y eficiencia energética, agricultura ecológica, gestión de residuos, industria ambiental, movilidad sostenible, economía social y alternativa o economía del cuidado tienen muchos beneficios. Minimizan el impacto sobre el medio ambiente, son más numerosos que los empleos en sectores “marrones” (los muy intensivos en capital, energía y carbono pero poco en mano de obra), son de calidad y favorecen la economía real y local.

Sólo cumpliendo con los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de 30% en 2020 en la Unión Europea, se crearían 6 millones de empleos adicionales a nivel europeo y compensaría ampliamente los 300.000 puestos de trabajo que se prevé destruir en el sector del carbón.

No se trata de negar que se destruirán empleos en sectores poco sostenibles o que no sepan adaptarse a las nuevas políticas energéticas y de cambio climático. Al revés, una política pública verde es una política que anticipa los acontecimientos sociales y ecológicos, protegiendo a la vez a las personas más desfavorecidas. Es una política que planifica —de forma participativa y dialogada con los agentes sociales y sindicales, y en general con la ciudadanía— las evoluciones cuantitativas y cualitativas de los empleos, así como las cualificaciones necesarias en este nuevo marco (con políticas activas de formación orientadas hacia sectores sostenibles). Al mismo tiempo, porque cree en el futuro y en la justicia social, es una política que apuesta por sus jóvenes (con una “garantía juvenil europea” por ejemplo) y sienta las bases de una verdadera protección y seguridad social europeas.

Por otro lado, para que esta transición ecológica de la economía sea seria, es prioritario diseñar su financiación. Según la Fundación Verde Europea, la versión ambiciosa y altamente necesaria de este New Deal Verde costaría hasta 350 mil millones de euros al año (es decir un 2% del PIB europeo). Sin duda, es una cifra elevada aunque esta cantidad es sólo un tercio de lo que se invierte en actividades que dañan el medio ambiente —como el uso de fuentes fósiles— o es inferior al dinero que los países de la Unión Europa dedican a gastos de defensa.

Para financiar esta inversión con criterios de equidad y sostenibilidad —y de paso regular los mercados—, las propuestas siguientes son clave:

• El impulso fundamental y a largo plazo del Banco Europeo de Inversiones (BEI) a través la creación de una línea de “crédito verde” y la movilización de capitales privados. En particular, cualquier banca rescatada con dinero público tendría que tener la obligación de financiar la transición social y ecológica según ejes decididos democráticamente.

• Una reforma fiscal donde pagan los que más tienen y más contaminan. Hablamos de un impuesto sobre las transacciones financieras en Europa, tal y como aprobó el Parlamento Europeo, y una tasa de carbono para internalizar los costes reales del CO2 y para gravar todas las emisiones no incluidas en el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión.

• El fin de de los paraísos fiscales que supone 1 billón de euros menos para las arcas públicas a nivel europeo, es decir ¡2.000 euros por cada ciudadano europeo al año!

Junto con esta reorientación del modelo productivo, es evidente que hace falta por un lado una (re)distribución de la riqueza a través de un reequilibrio, a favor de las segundas, entre rentas del capital y rentas del trabajo, así como la instauración de una renta básica de ciudadanía y una renta máxima. Por otro lado, el reparto del trabajo es, como lo ha propuesto la Organización Internacional del Trabajo, una medida potente para aliviar temporalmente la crisis y crear permanentemente empleo, calidad de vida y sostenibilidad. Por último, la regeneración democrática de Europa y de sus diferentes países es central: el cambio y la esperanza vendrán de la ciudadanía.

No existen soluciones milagrosas pero sí unas mejores y más imperativas que otras. La transición social y ecológica de la economía forma parte de esta segunda categoría y es un camino que Europa tiene que recorrer con ilusión y voluntad para apostar por un siglo XXI equitativo y sostenible.

Florent Marcellesi, coordinador de Ecopolítica y miembro de Equo. Es coautor del libro “Adiós al crecimiento. Vivir bien en un mundo solidario y sostenible”.

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