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06/03/2013

El vino orgánico es el nicho de venta más prometedor

Los principales mercados se encuentran en Estados Unidos y Europa. En Argentina existen alrededor de 55 bodegas –la mayoría, tipo boutique– y 2.000 hectáreas bajo certificación. El mercado interno también crece. Análisis de especialistas.

El interés por el medio ambiente y la sustentabilidad ha llevado a que muchos consumidores en todo el mundo comiencen a buscar en las góndolas vinos orgánicos, es decir, productos libres de fertilizantes y mucho más amigables con el planeta.

Esta tendencia se consolida especialmente en países más desarrollados, como Estados Unidos y Europa, donde los consumidores miran con buenos ojos el compromiso de las empresas con el medio ambiente y por lo tanto es en estos mercados donde aparecen las mejores oportunidades de negocios para las bodegas locales que elaboran y producen en forma orgánica.

En este sentido, la mayoría de las bodegas elaboradoras de vinos orgánicos son establecimientos de tipo boutique, aunque grandes jugadores del mercado tienen sus propios proyectos en esta materia.

El año pasado, un informe del Senasa, indicó que existen alrededor de 55 bodegas con certificación orgánica y la mayoría se encuentran en Mendoza, sin embargo una de las pioneras en Argentina es la bodega Colomé, en Salta que se caracteriza por producir vinos de alta gama de Cabernet Sauvignon y Malbec, de manera orgánica y biodinámica.

Las vides utilizadas para elaborar vinos orgánicos se cultivan sin uso de fertilizantes artificiales y solamente utilizan levaduras naturales que se encuentran en la uva. El concepto biodinámica además trasciende a otros aspectos vinculados al movimiento de los planetas y las fases lunares, entre otros aspectos.

En Mendoza, bodega Krontiras, de capitales griegos elabora vinos orgánicos desde 2009, cuando realizó su primera cosecha. “La idea fue hacer el mejor Malbec del mundo y para ello los propietarios decidieron hacerlo a través de la biodinámica. Por eso hoy estamos certificando agricultura biodinámica y orgánica”, sostuvo Maricruz Antolín, ingeniera agrónoma de la firma.
“Sensorialmente el consumidor no va a identificar la diferencia de un vino orgánico respecto a uno convencional; pero sí va a encontrar vinos que respetan mucho el medio ambiente y que reflejan el terruño de la finca de donde provienen. Esta es la principal diferencia con un vino tradicional. No a nivel sensorial pero sí desde la etiqueta, donde el consumidor sabe que es un producto que está respetando el terroir donde nace”, destacó Antolín.

Esta bodega concentra más del 70% de su producción en el mercado externo, aunque algunos de sus vinos tienen una fuerte presencia en el mercado interno, como el “Malbec de verano”, un vino que elaboran para ser consumido a baja temperatura y que compita con una cerveza o un trago.
Otro de los referentes en esta materia es Gustavo Caligiore, propietario de la bodega familiar Caligiore, empresa certificada por OIA, quien sostuvo que “la calidad de los vinos orgánicos que se están elaborando está demostrando que se pueden hacer productos muy buenos y competitivos, de forma orgánica, biodinámica y sustentable”.

Argentina cuenta con alrededor de 2.000 hectáreas bajo certificación, lo que representa algo menos del 1% del total de superficie implantada con viñedos, según Caligiore. En su caso, sus vinos cuentan con una importante trayectoria en mercados extranjeros, especialmente Estados Unidos, Canadá y algunos países europeos, aunque a nivel interno la situación está cambiando. “Estamos viendo un auge en el mercado interno, especialmente del consumidor que compra en vinoteca o restaurantes que se enfocan en estas propuestas”.

Otro de los emprendimientos importantes, se encuentra en la Zona Este, específicamente en La Paz y se trata de Vinecol, una empresa que se inició a comienzos del 2000 y que combina técnicas orgánicas con tecnología moderna de elaboración.

Entre otros emprendimientos más tradicionales, como Familia Cecchin, en Russell, Maipú, cuenta con todos los viñedos y la bodega con certificación de orgánicos emitidos también por la certificadora OIA, también aparecen emprendimientos más jóvenes como Alpamanta, una bodega situada en Ugarteche, Luján de Cuyo, que cuenta con 30 hectáreas plantadas de uvas orgánicas.
El cuidado por el medio ambiente es una tendencia que crece en el mundo y las exigencias por parte de los consumidores adquieren fuerza en los principales mercados mundiales. Por ahora es un consumo de nicho, pero el futuro de la vitivinicultura está en este sector.

Fuente: Diario Uno

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