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09/02/2019

Córdoba hace punta con las Buenas Prácticas Agrícolas y premia al que hace bien los deberes.

Cuatro productores cuentan los beneficios de un programa que en 2019 entra en su tercer año y ofrece un reconocimiento económico para quienes rotan, siembran pasturas, hacen ganadería y capacitan a su personal.

A veces, hacer lo correcto sirve sólo para enaltecer el espíritu. Desde hace dos años en Córdoba, las Buenas Prácticas Agrícolas (BPAs) tienen, además de esa palmada en el hombro, un reconocimiento económico: el Ministerio de Agricultura y Ganadería cordobés reconoce 12 prácticas que cualquier productor puede aplicar y percibir esa retribución.

Actualmente es la única provincia que lo tiene implementado, pero Buenos Aires y Santa Fe están diseñando esquemas similares. Las prácticas son generadas y validadas por un consejo consultivo de 50 instituciones, universidades y cámaras empresariales.

¿Qué prácticas se bonifican? La capacitación, ser miembro de instituciones, contar con programas de responsabilidad social, las rotaciones, incorporar gramíneas y usar cultivos de servicio, la implantación de pasturas, pero también riego, horticultura, forestación y contar con un plan ganadero.

Clarín Rural consultó a cuatro productores que cuentan su experiencia y los alcances del programa que está por comenzar su tercer ciclo. “Somos una empresa familiar con 30 años de historia y siempre hemos tenido muy claro que la rentabilidad debe ser fruto de un crecimiento con sustentabilidad ambiental y compromiso social, y las buenas prácticas nos ayudan a cumplir con esta premisa”, contó Pablo Lozano, gerente de Compañía Anglo Córdoba de Tierras, que emplea a 160 personas y tiene su nodo central en el establecimiento Las Pencas, en Villa María.

En el norte de Córdoba y algo en Santiago del Estero hacen agricultura, ganadería bovina (cabaña propia y ciclo completo), granja porcina e industria (aceite crudo desgomado y expeller de soja). En algunas hectáreas tienen riego, una práctica que, junto con las otras, tiene compensación. En total califican en 7 de las 12 prácticas habilitadas.

Para Lozano, las buenas prácticas también sirven para trabajar sobre una de las preocupaciones actuales más importantes del sector que es el distanciamiento que se ha generado entre ruralismo y urbanismo. “Muchos ciudadanos urbanos no nos ven como productores de alimentos, sino como aquellos que nuestro único objetivo es la rentabilidad y para eso envenenamos al resto”, advirtió.

“El objetivo es que los productores se familiaricen con las normativas, y también ofrecer una herramienta de comunicación para contraponer los prejuicios que muchas veces recaen sobre la actividad productiva y, a su vez, mancomunar el trabajo de distintas instituciones en pos de lograr una agenda común”, contó Francisco Iguerabide, ex presidente de Aacrea y a cargo de la Dirección de Desarrollo Agropecuario Sostenible del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Córdoba.

La provincia tiene alrededor de 8.000 productores. En 2017 entraron al programa 1.800 y en 2018, 3.000. El primer año se repartieron 65 millones de pesos, el segundo 100 y para 2019 la propuesta es entregar 130 millones.

En la zona de Huanchilla, a mitad de camino entre La Carlota y Laboulaye por la ruta 25, Raúl Tacardi Lucini es productor agrícola (700 hectáreas), contratista (siembra entre 1.500 y 2.000 hectáreas) y asesor privado. “Como ingeniero agrónomo yo venía haciendo las recetas asi que fue sencillo porque sólo tuve que empezar a hacerlas digitales, no es un trámite engorroso”, contó. También reciben bonificación por rotar, por hacer cultivos de servicio, sembrar gramíneas, análisis de suelo para fertilizar, en total 5 prácticas.

Al igual que Lozano, pondera cómo este programa puede ser el pilar de comunicación en las comunidades. “Es interesante para que la gente de ciudad conozca que somos muchos los que en el campo hacemos las cosas bien”, opinó Tacardi Lucini.

Productor agropecuario en la zona de Leones, Carlos Garetto (muy identificado durante la lucha post Resolución 125 y en la Mesa de Enlace en representación de Coninagro), también participa del programa. “Es novedoso porque por fin premia a quienes conservan los recursos naturales y llevan adelante buenas prácticas agrícolas, tanto en el manejo de esos recursos como en la utilización de los insumos de manera eficiente, especialmente en el suministro de fitosanitarios”, opinó Garetto.

En su establecimiento, Garetto ha recibido distinción por el sistema de rotación, no sólo con soja, maíz y trigo sino también pasturas en base a alfalfa y una ganadería de cría, invernada y engorde. También el uso responsable de fitosanitarios y la capacitación del personal. Garetto destacó que es un “mecanismo ágil y sencillo para cargar datos on line y que se ha ido perfeccionando, incorporando nuevas actividades.

En Río Cuarto, Fernando Lagos (pertenece al CREA Carnerillo y está en la comisión directiva de la Sociedad Rural) trabaja unas 3.500 hectáreas con trigo, soja, maíz y maní. Entre otras actividades, recibió bonificación por las 400 hectáreas en las que tiene riego. El año pasado, con riego, duplicaron el rinde de trigo respecto del secano.

“Con acciones concretas, los productores debemos ayudar a conciliar una posición con los habitantes urbanos, algo que me preocupa mucho, en Córdoba funciona bien esto a partir de un estratégica público-privada”, opinó Lozano, que forma parte de un grupo de 12 empresas que aportan todo lo que obtienen por BPAs a la generación de conocimiento e información técnica.

En una misma línea, Garetto aportó: “Esto permite también instalar en el escenario público que se puede producir en forma sustentable y amigable con el ambiente. Es importante porque se va tomando conciencia, podemos usar los fitosanitarios recetados de manera responsable cuidando el ambiente, una preocupación sobre todo en áreas periurbanas”, apuntó Lagos.

Hacer las cosas bien, registrarlo y mostrarlo. De eso se trata. Y en eso están los productores agrícolas, cada vez más orgullosos de ser productores de alimentos.

Fuente: Clarín Rural
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